DOÑA CARMEN


Doña Carmen se da sus últimos retoques frente al espejo del baño; se pinta los labios de color fucsia, se empolva los mofletes, dibuja una línea en sus párpados, y para acabar, se dispone a fijar su peinado. Abre el armario y coge el supuesto fijador. -¡¿Pero tía, qué hace!?-Irrumpe exaltada su sobrina de seis años.-Pues ya ves, arreglándome un poco para estar más guapa.
-¿Y por qué se tiene que echar insecticida en la cabeza?
-¡Nena!, pues para espantar a los moscones, ¿para qué va a ser?.
Doña Carmen pensaba para sí, -Ay madre mía, ¡qué vergüenza, qué vergüenza!


 





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